Autonomía zapatista, la realidad chiapaneca más allá de la teoría

Fernando Camacho Servín, La jornada: ver artículo original
Aunque los zapatistas son muy cuidadosos con su seguridad, los creadores tuvieron acceso a material muy valioso, como la visita a una escuela
Sobre el Ejército Zapatista se ha dicho de todo. Abundan las entrevistas con sus líderes; las Declaraciones de la Selva Lacandona se conocen en el mundo entero debido a Internet y hasta sus iconos se reproducen como objeto de consumo masivo en miles de carteles y playeras.
Pero el núcleo de su propuesta política real, la que se construye a diario en las comunidades chiapanecas, permanece casi desconocido para la mayoría.
Para cubrir ese faltante y mostrar la forma en que los zapatistas han construido “en el terreno” un referente social nuevo, la investigadora Cristina Híjar y el fotógrafo Juan E. García realizaron el largometraje documental Autonomía zapatista: otro mundo es posible, así como un libro homónimo.
Este trabajo fílmico de 70 minutos, que tardó más de dos años en elaborarse, no busca presentar interpretaciones teóricas sobre el zapatismo, sino ilustrar en voz de sus militantes cómo funcionan los caracoles y las juntas de buen gobierno (JBG).
“Nos interesaba conocer a las bases”, cuenta García en entrevista con La Jornada.
A pesar de que las comunidades ya los conocían, no siempre fue fácil obtener una entrevista. “Son muy celosos de su seguridad. Lo entendimos y nos plegamos a ello. De todas formas tuvimos acceso a material muy valioso, como una visita a un centro de salud, una escuela o la inauguración de un municipio autónomo”, tercia Cristina Híjar.
Si bien la autonomía zapatista no es un proceso terminado o perfecto, sí ha demostrado “que es factible construir un mundo de dignidad, autosuficiencia, compromiso y trabajo”, señala García.
Un buen ejemplo de ello es su sistema de impartición de justicia, donde el agresor y el agredido exponen su caso ante un consejo de pobladores y “gana la razón”. Nadie sale de ahí hasta que el ofendido esté satisfecho, y no se dicta pena de cárcel, sino de trabajo comunitario, lejos de corruptelas o trámites absurdos.
Todo el trabajo, agrega Híjar, es realizado por promotores que no reciben paga, sólo comida, techo y pasajes. “Las comunidades empoderadas tienen la vocación real de construir una sociedad realmente igualitaria”, dice.
En el documental, “ver y escuchar la voz de los zapatistas te hace cobrar justa conciencia de lo que está en juego. El levantamiento armado era necesario, pero la revolución radica en la existencia de los caracoles y las JBG, que miles de personas están construyendo”.
Lo que se ha logrado con la autonomía, coincide Juan García, “está fuera de toda proporción. Están padres los rifles, las marchas y las banderas, pero el zapatismo no se trata sólo de eso. Ellos siguen chambeando” en muchos frentes.
Ahora, el tema es encontrar redes de distribución para el largometraje y el libro, y las primeras oportunidades vienen de la mano de los festivales internacionales de cine, donde Autonomía zapatista ya empieza a generar interés, como sucedió con los documentales sobre el conflicto en San Salvador Atenco, también realizados por la dupla Híjar-García.
Mientras tanto, el filme se proyectó en San Cristóbal de las Casas el pasado 17 de noviembre –aniversario 25 del EZLN– y sigue buscando foros en escuelas, colonias o fábricas.